Tres datos que nos ayudan antes de salir
Cuando nos llama porque se ha quedado fuera, le hacemos tres preguntas. La primera, si la puerta se cerró solo con el resbalón o si la llave estaba echada con vueltas. La segunda, qué tipo de puerta es: de madera, metálica, blindada o acorazada. La tercera, si dentro hay alguien que necesite ayuda, un niño, una persona mayor o un fuego encendido en la cocina. Con esas respuestas elegimos herramientas y prioridades.
Mientras tanto, le pedimos que no intente abrir con tarjetas, cuchillos o destornilladores. Es fácil doblar el resbalón, astillar el marco o partir una llave dentro del bombín, y entonces lo que era una apertura limpia se convierte en una reparación. Si tiene a mano una foto de la cerradura, o puede describirla, envíenosla por WhatsApp: nos ahorra dudas al llegar.
Del portón del casco antiguo a la puerta blindada
En el casco antiguo de Altea todavía quedan portones de madera maciza con cerraduras de sobreponer, algunas con llaves largas de paletón, y puertas que han recibido capas de pintura durante décadas. Aquí trabajamos con paciencia: la madera vieja no perdona los golpes, y el herraje original suele merecer la pena. Muchas se abren actuando sobre el pestillo sin dañar ni la hoja ni el marco.
En los edificios del paseo y en las urbanizaciones predominan las puertas blindadas con cilindro europeo. Si solo está el resbalón, la apertura suele ser sencilla y sin marcas. Con la llave echada o un bombín de alta seguridad, el trabajo es más delicado y, en algunos modelos, hay que sacrificar el cilindro. En ese caso se lo explicamos antes y dejamos uno nuevo montado en la misma visita.
Locales, trasteros, garajes y el trámite de la identidad
También abrimos comercios que no pueden levantar el cierre por la mañana, trasteros de sótano, cuartos de contadores y puertas peatonales de garajes comunitarios. En las zonas comunes de un edificio trabajamos con el visto bueno de la comunidad: basta con que nos acompañe alguien de la junta o que el administrador esté avisado, para que todos sepan qué se ha abierto y por qué.
Antes de abrir cualquier vivienda comprobamos que quien lo pide puede entrar en ella: el DNI con la dirección, un contrato, un recibo a su nombre o un vecino que le reconozca. Si todo está dentro, lo revisamos al abrir. Y si las llaves se perdieron fuera o se las robaron, le recomendaremos cambiar el bombín en ese mismo momento, porque quien las encuentre podría intentar usarlas.
