Cuando la llave se parte dentro
Suele pasar con una llave que ya estaba fina de tanto uso, o al forzar un cilindro que llevaba tiempo avisando. El trozo queda dentro, a veces asomando un milímetro, y la tentación es tirar de él con lo primero que haya a mano. No lo haga: las pinzas de depilar y los clips lo hunden todavía más y pueden rayar los pernos. Deje la cerradura tal cual y, si la puerta está abierta, no la cierre hasta que lleguemos.
Para sacar el fragmento usamos extractores finos que se deslizan junto a la llave y la enganchan por los dientes. Casi siempre sale sin desmontar nada. Luego toca averiguar la causa: si la culpa era de la llave, gastada o mal copiada, le hacemos una nueva a partir de una buena; si el bombín estaba duro, lo cambiamos para no repetir la escena dentro de unos días.
Cerraduras duras y puertas que no encajan
En un pueblo de mar como Altea, la sal y la humedad se meten en los cilindros, los muelles pierden fuerza y el resbalón empieza a quedarse a medio camino. En las casas del casco antiguo, además, las cerraduras de sobreponer acumulan décadas de polvo y de pintura. Desmontamos, limpiamos cada pieza y cambiamos solo el muelle o la leva cansada cuando es posible. Para lubricar usamos productos secos, de grafito o de teflón; el aceite doméstico acaba convertido en un engrudo que frena los pernos.
Las bisagras también se vencen con el peso, la madera se hincha en los meses húmedos y el marco se mueve con los años. Así, el pestillo deja de caer en su hueco y hay que levantar la puerta o dar un tirón para cerrarla, y un pestillo que entra a medias resiste mucho menos. Regulamos o cambiamos bisagras, desplazamos el cerradero unos milímetros o rebajamos el roce de la hoja, y al terminar probamos el giro con todas las llaves de la casa.
Cerraduras tocadas tras un intento de robo
Un bombín mordido por una herramienta, un escudo torcido o astillas en el marco: aunque el intento no llegara a más, la puerta ya no es la misma. Antes de que la toquemos, haga fotos de todo y, si va a denunciar, espere a hacerlo. Si la casa o el local no pueden cerrarse, lo primero que haremos es dejar la entrada asegurada para esa noche.
Con la urgencia resuelta, examinamos el conjunto pieza a pieza. Un cilindro que ha soportado un ataque puede seguir girando y, aun así, haber perdido parte de su resistencia, así que lo sustituimos aunque funcione. El resto se repara o se cambia según su estado, y le indicamos qué mejora tendría sentido para que la próxima vez la puerta aguante más.
